El 15 de agosto, la Iglesia celebra tradicionalmente una de las fiestas marianas más importantes de su calendario litúrgico, fundamentada en que la Virgen María, una vez consumado el curso de su vida en la tierra, fue elevada en cuerpo y alma a los cielos. 

Por este motivo, se multiplican en muchas poblaciones los actos religiosos en torno a la imagen de la Virgen María, representada en muchas hermandades que le rinden culto.

Este traslado es llamado Assumptio Beatae Mariae Virginis​ (Asunción de la Bienaventurada Virgen María) por los católicos, cuya doctrina fue definida como dogma de fe (verdad de la que no puede dudarse).

Es la última verdad enseñada por la Iglesia al ser definida, por el Papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950, en su constitución apostólica “Munificentissimus Deus” donde nos indica: “La Inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, terminado el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

El 19 de agosto de 1906, nuestra Hermandad junto a otras de la ciudad, a propuesta de nuestro director espiritual, el venerable san Manuel González García, realizaba solemne voto de la Asunción de Nuestra Señora. De esta forma, nos adelantábamos cuarenta y cuatro años antes de que la propia Iglesia proclamara la Asunción de la Virgen como Dogma de Fe en 1950.

Así lo cita Jesús Azcárate Fajarné en su libro El Sagrario abandonado: San Manuel González (1877-1940).

“Voto Asuncionista (domingo 19 de agosto de 1906).

En ese día tuvo lugar el Solemne Voto y Juramento que el Clero, Corporaciones religiosas y fieles de Huelva prestaron de defender el Augusto Misterio de la Asunción de Nuestra Señora en Cuerpo y Alma a los cielos. Con este voto, Huelva se adelantó cuarenta y cuatro años a la proclamación del Dogma Asuncionista, hecha por el papa Pío XII en 1950. Fue un día de mucha alegría para don Manuel González, cuya piedad mariana comenzó en el hogar familiar, consolidándose su amor a la Santísima Virgen en los años que fue seise en la catedral hispalense, y con el paso de los años fue creciendo.

El Solemne Acto Asuncionista se celebró en la Parroquia Mayor de San Pedro. A requerimiento del Arcipreste de Huelva, don Manuel González García, asistieron a la Mayor de San Pedro los señores curas de la Parroquia de San Pedro y de la Purísima Concepción, don Manuel González-Serna y don Pedro Román Clavero; las Diputaciones de las hermandades: Sacramental de la Parroquia de San Pedro; Nuestro Padre Jesús de las Cadenas y María Santísima de los Dolores, establecida en el ex-convento de la Merced; Nuestra Señora del Rocío; Nuestra Señora de la Cinta; Vera Cruz y Soledad de María, establecida en la Parroquia de la Concepción; de la Virgen del Carmen, de San José, Sagrado Corazón de Jesús y Apostolado de la Oración de la Parroquia de San Pedro; Comisiones de las Conferencias de Caballeros de San Vicente de Paúl y del Centro Católico de Obreros; así como numerosos fieles. A las 9 de la mañana del domingo infraoctava de la Asunción de Nuestra Señora dio comienzo la Misa solemne, cantada por don Manuel González-Serna, y predicada por el señor Arcipreste.

Terminado el Credo de la Misa, don Manuel leyó desde el púlpito la fórmula del Voto. El Arcipreste, Clero, Hermandades y fieles de Huelva firmemente creemos y sinceramente confesamos: Que la Beatísima, Inmaculada y siempre Virgen María por especial privilegio de Dios Onmipotente, poco después de su muerte -la cual no rehusó sufrir, por condición de la humana naturaleza y para imitar a su Hijo y Señor Nuestro Jesucristo- resucitó y fue llevada al Cielo en cuerpo y alma. Donde coronada de honor y gloria, y exaltada sobre los coros de los Ángeles y sobre todas las criaturas, cual convenía a la que es verdadera Madre de Dios; vestida del Sol de Justicia, según la visión profética del Evangelista San Juan y rodeada de la variedad de dones y carismas con que plugo al Espíritu Santo dotar y enriquecer a su querida Esposa; sentada a la diestra de la Majestad divina, como dignísima Reina del Mundo y Abogada de los pecadores, intercede eficaz e incesantemente por nosotros. (…) Por tanto: esta verdad católica que nuestros predecesores tuvieron siempre impresa en su corazón y con piadosísimo afecto de devoción la profesaron; nosotros también, con el favor de la divina gracia, la defenderemos con todas nuestras fuerzas, hasta el postrer aliento; y así, solemnemente, lo prometemos, votamos y juramos. Una vez terminada la lectura de tan piadoso documento, fueron prestando juramento, que recibía el celebrante de la Misa, sobre los Santos Evangelios, el señor Arcipreste, Clero, Hermandades, Corporaciones y gran número de fieles.”

Por este motivo, nuestra Hermandad, fruto actual de su dilatada historia y para recuerdo perenne de este hecho devocional, procesiona en su cortejo con una insignia acompañada de faroles, alusivos a dicho dogma de fe.

Dicha insignia, es una bandera blanca realizada en tejido de otomán y diseñada por N.H. Enrique Bendala. Lleva bordado en oro el anagrama representativo de María, realizado por N.Hª. Teresa Martín. En cuanto al asta, indicar que es una obra diseñada por D. Javier Sánchez de los Reyes y realizada por el prestigioso taller de orfebrería de D. Juan Borrero.

En el remate de esta asta figura una pequeña imagen de la Asunción de la Virgen, orlada con una ráfaga donde se inscribe la fecha del voto solemne, y la tiara y llaves de San Pedro, haciendo alusión al lugar en el que se realizó dicho juramento.

 

Como curiosidad, debemos mencionar que tradicionalmente, dicha bandera es portada, durante la procesión de entrada en la vuelta a la ciudad desde la aldea almonteña, por el Hermano Mayor de la siguiente romería.

Fotografías: Esteban Romero y archivo de la Hermandad.